EL MENOR DE LOS HABLANTES DE LECO TIENE 58 AÑOS, EL RESTO SON ANCIANOS

El menor de los hablantes de leco tiene 58 años, el resto son ancianos.
Sólo 40 personas, en las provincias Larecaja y Franz Tamayo de La Paz , hablan aún el leco, una de las 34 lenguas bolivianas consideradas en alto riesgo de extinción. Para evitar la pérdida, el Ministerio de Educación y miembros de la etnia trabajan en el diseño de un alfabeto que permita tener un registro escrito.

Rucena Rodríguez, experta en desarrollo de lenguas de la Unidad de Políticas Intrainterculturales y Plurilingües, comentó que “la situación es sumamente crítica, y si no se toman acciones urgentes, se corre el riesgo de que esta lengua desaparezca, porque la franja de hablantes es en extremo reducida”. Según el antropólogo Wigberto Rivero, en Bolivia existen 2.763 lecos, asentados en 12 comunidades de las dos mencionadas provincias, que se dedican sobre todo a la ganadería y la agricultura forestal.

Rodríguez informó que al momento el menor de los 40 hablantes del leco tiene 58 años, mientras que el resto son adultos mayores de entre 70 y 90 años. Los descendientes de estas personas —asentados todos en el norte paceño— sólo entienden parte de su lengua materna, pero su idioma principal es el español y el quechua. En la región de Larecaja tropical hay poblaciones como Karura, Apolo y Guanay donde, según Rodríguez, “la mayoría de los adultos, jóvenes y niños ni siquiera conocen su lengua materna, o si bien tienen escasas nociones, la dejaron de hablar porque ésta no les fue transmitida por sus padres, y mucho menos por los profesores en unidades educativas”.

El inminente riesgo de extinción motivó a los originarios a trabajar con el Ministerio de Educación —desde diciembre de 2008— en la elaboración de un vocabulario común para los lecos de diferentes sectores, y que esté reconocido y validado por el Estado.

Este trabajo servirá también para unificar la lengua que tiene algunas variantes de habla antigua y actual, esta última mezclada e influida por el castellano, el quechua e incluso el aymara. La lingüista explicó que en el proceso de creación del alfabeto se hizo un estudio fonológico (que analiza cómo los sonidos se procesan mentalmente en cada lengua) y fonético (que analiza la naturaleza de los sonidos). “Posteriormente —comenta— se consensuó con los lecohablantes unas grafías, es decir letras, que sean sencillas y que todos estén de acuerdo en utilizar”. Este trabajo se realizó en una serie de talleres con 25 personas hablantes que aportaron en la recopilación de palabras y frases mediante testimonios orales. La importancia de este proceso, según la especialista, radica en que “es necesario verificar si cada letra es la indicada para el sonido que representa, para que después no haya problemas en la escritura”.

Congreso indígena validará alfabeto
Desde el viernes y hasta hoy se lleva a cabo en la localidad de Guanay un congreso organizado por la Central de Pueblos Indígenas del Norte de La Paz , en el que se validará el alfabeto leco que, según la lingüista Rucena Rodríguez, contará con “entre 29 y 35 letras y palabras”.

Junto con este documento, el próximo año se editará un libro con ejemplos y reglas básicas para el uso correcto del leco, tanto hablado como escrito. “Por cuestiones de tiempo y recursos —contó—, el trabajo no incluye aún elementos gramaticales, como género, número o verbos; pero sí toma en cuenta las simplificaciones que se hicieron recientemente al alfabeto, eliminando —por ejemplo— letras que tenían influencia castellana, como la q y la c, y ahora sólo se usa la k”

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